Introducción
Esta tabla presenta una revisión sistematizada de las principales clases farmacológicas utilizadas en el tratamiento de la hipertensión arterial. Cada grupo se describe según sus indicaciones preferentes, contraindicaciones, efectos adversos y precauciones específicas, permitiendo una visión global y comparativa del tratamiento antihipertensivo.
Diuréticos tiazídicos y tipo tiazida
Incluyen clortalidona, hidroclorotiazida, indapamida y metolazona. Son fármacos de primera línea en muchos pacientes hipertensos, eficaces en monoterapia o en combinación. Deben evitarse en casos de gota activa y utilizarse con precaución en síndrome metabólico, intolerancia a la glucosa, embarazo e hipopotasemia.
Los efectos adversos más frecuentes incluyen hiperglucemia, hiperuricemia, dislipidemia y desequilibrios electrolíticos como hiponatremia e hipopotasemia. También pueden causar hipotensión postural, mareo, fotosensibilidad y disfunción sexual.
Inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, IECA
Ejemplos: captopril, enalapril, lisinopril, perindopril.
Están contraindicados en el embarazo, en casos de angioedema previo, hiperpotasemia y estenosis bilateral de las arterias renales.
Los principales efectos adversos incluyen hipotensión sintomática, especialmente en pacientes deshidratados, tos seca irritativa, alteración de la función renal, exantema cutáneo y angioedema, más frecuente en personas de raza negra.
Antagonistas de los receptores de angiotensina II, ARA II
Incluyen losartán, valsartán, candesartán y telmisartán.
Comparten muchas características con los IECA y son una alternativa útil cuando aparece tos inducida por IECA. Sin embargo, mantienen el riesgo de hiperpotasemia y alteraciones renales, y también están contraindicados en el embarazo y en la estenosis bilateral de las arterias renales.
Bloqueadores de los canales de calcio
Dihidropiridínicos — como amlodipino, nifedipino y lercanidipino — rara vez tienen contraindicaciones absolutas. Pueden causar edema periférico, rubor, cefalea y síntomas gastrointestinales leves.
No dihidropiridínicos — verapamilo y diltiazem — deben evitarse en insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida y en la asociación con betabloqueantes, por el riesgo de bradicardia y bloqueos de conducción.
Diuréticos de asa
Los más utilizados son furosemida y torasemida.
Son más eficaces en pacientes con insuficiencia cardíaca o disfunción renal, pero requieren vigilancia estrecha.
Los efectos adversos incluyen hiponatremia, hipopotasemia, deshidratación, ototoxicidad y alteraciones metabólicas como hiperglucemia e hiperuricemia.
Diuréticos ahorradores de potasio
Incluyen espironolactona y eplerenona, útiles en la insuficiencia cardíaca con fracción de eyección reducida.
Las contraindicaciones incluyen TFGe < 30 mL/min, hiperpotasemia y enfermedad de Addison.
Los efectos adversos más relevantes son hiperpotasemia, ginecomastia, alteraciones menstruales, debilidad muscular y prurito cutáneo.
Betabloqueantes
Se dividen en cardioselectivos, atenolol, bisoprolol, metoprolol y nebivolol; no selectivos, propranolol; y con acción alfa adicional, carvedilol.
Deben evitarse en bradicardia marcada, bloqueo auriculoventricular de 2.º o 3.º grado, asma grave e insuficiencia cardíaca descompensada.
Los efectos adversos incluyen fatiga, trastornos del sueño, disfunción sexual, extremidades frías y, ocasionalmente, agravamiento de la insuficiencia cardíaca.
Aunque no son fármacos de primera línea en la hipertensión aislada, desempeñan un papel fundamental en pacientes con angina estable, posinfarto de miocardio e insuficiencia cardíaca crónica estable.
Conclusión
La selección del antihipertensivo debe ser individualizada, considerando comorbilidades, función renal, electrolitos y posibles interacciones.
La monitorización clínica y analítica periódica es esencial para optimizar la eficacia terapéutica y prevenir complicaciones.