Población diana para el cribado
El cribado de la diabetes mellitus en adultos comienza con la identificación de los individuos elegibles. Las recomendaciones actuales apoyan el cribado universal a partir de los 35 años, independientemente de la presencia de síntomas, y el cribado anticipado en adultos de 18 a 34 años con sobrepeso u obesidad asociados a factores de riesgo metabólicos, cardiovasculares o antecedentes familiares de diabetes tipo 2. Dado que la diabetes tipo 2 es con frecuencia asintomática en su fase inicial, el cribado estructurado permite un diagnóstico oportuno, intervención sobre el estilo de vida y prevención de complicaciones microvasculares y macrovasculares.
Pacientes sintomáticos
Ante poliuria, polidipsia, pérdida de peso inexplicada, letargia o infecciones de repetición, debe considerarse la posibilidad de hiperglucemia franca. Una glucemia casual ≥ 200 mg/dL en presencia de síntomas clásicos permite el diagnóstico clínico de diabetes mellitus sin necesidad de confirmación adicional.
Pacientes asintomáticos — pruebas diagnósticas
En los pacientes asintomáticos, el cribado puede realizarse mediante glucemia en ayunas, hemoglobina glucada o prueba de tolerancia oral a la glucosa con setenta y cinco gramos. La prueba de tolerancia presenta mayor sensibilidad para detectar intolerancia a la glucosa. Valores iguales o superiores a 126 mg/dL en ayunas, 6,5% de hemoglobina glucada o 200 mg/dL a las dos horas durante la prueba de tolerancia son compatibles con diagnóstico bioquímico de diabetes. En individuos asintomáticos, estos resultados deben confirmarse con una segunda determinación utilizando el mismo método o un método alternativo. La persistencia de la alteración confirma el diagnóstico y justifica una evaluación metabólica y cardiovascular estructurada.
Prediabetes
Cuando los resultados no cumplen criterios diagnósticos de diabetes, pero se sitúan en intervalos intermedios, debe considerarse la presencia de prediabetes. Este estado corresponde a glucemia en ayunas 100–125 mg/dL, glucemia a las dos horas entre 140 y 199 mg/dL durante la prueba de tolerancia, o hemoglobina glucada 5,7–6,4%. La prediabetes se asocia a mayor riesgo de progresión a diabetes tipo 2 y a mayor riesgo cardiovascular basal. En esta fase, la intervención sobre el estilo de vida y la optimización de los factores de riesgo metabólico — incluyendo peso, actividad física, dieta e hipertensión arterial — reducen significativamente la progresión. Se recomienda vigilancia anual.
Normoglucemia e intervalos de cribado
En ausencia de alteraciones bioquímicas, el individuo se clasifica como normoglucémico. En estos casos, el cribado debe repetirse cada 3 años, pudiendo adelantarse a intervalos de 1–2 años en individuos con obesidad, síndrome metabólico o múltiples factores de riesgo. Los pacientes con antecedente de diabetes gestacional constituyen un grupo particular: se recomienda una prueba de tolerancia oral a la glucosa entre la 6.ª y la 12.ª semana posparto y cribado posterior cada 1 a 3 años.
Evaluación inicial tras el diagnóstico
Tras la confirmación del diagnóstico de diabetes mellitus, se realiza una estratificación inicial para caracterizar el riesgo y orientar el seguimiento. La evaluación incluye la búsqueda de complicaciones microvasculares y la identificación de factores de riesgo macrovasculares. A nivel retiniano, debe realizarse un examen oftalmológico para detectar retinopatía diabética. A nivel renal, se recomienda la determinación de albuminuria y tasa de filtrado glomerular para evaluar nefropatía. En el sistema nervioso periférico, el examen de los pies permite detectar neuropatía sensitivomotora y valorar el riesgo de úlcera. En paralelo, se realiza una evaluación cardiovascular integral — presión arterial, perfil lipídico, índice de masa corporal, tabaquismo y otros factores modificables — y la actualización del estado vacunal, con especial atención a gripe, neumococo y hepatitis B en pacientes seleccionados.
Integración clínica
Este recorrido estructurado permite al clínico identificar a quién cribar, interpretar correctamente los resultados analíticos, distinguir normoglucemia, prediabetes y diabetes mellitus, y organizar la evaluación inicial del paciente recién diagnosticado, garantizando un abordaje integrado y alineado con las recomendaciones preventivas y terapéuticas actuales.