Evaluación inicial
Ante un niño con ojo rojo y sospecha de conjuntivitis aguda, el primer paso consiste en descartar signos de alarma. Aunque la mayoría de las conjuntivitis en pediatría presenta una evolución benigna y autolimitada, algunos síntomas pueden indicar una patología ocular potencialmente grave.
La presencia de dolor ocular intenso, fotofobia marcada, disminución de la agudeza visual, proptosis, limitación de la motilidad ocular, edema palpebral importante u opacidad corneal debe motivar una derivación urgente. Estos hallazgos no son compatibles con una conjuntivitis simple y obligan a considerar diagnósticos alternativos como queratitis, uveítis, úlcera corneal o celulitis orbitaria.
Tras descartar estos criterios de gravedad, la evaluación debe centrarse en las características de la secreción ocular, los síntomas asociados, la lateralidad y el contexto clínico.
Conjuntivitis vírica
La conjuntivitis vírica es la causa más frecuente de conjuntivitis en pediatría. Se caracteriza habitualmente por una secreción serosa o acuosa, lagrimeo e hiperemia conjuntival. Con frecuencia se asocia con una infección de las vías respiratorias superiores, fiebre, amigdalitis o adenopatía preauricular.
En muchos casos comienza en un ojo y se hace bilateral en 24–48 horas, lo que puede generar dudas diagnósticas. El tratamiento es fundamentalmente de soporte e incluye lavado con suero fisiológico, compresas frías, lágrimas artificiales y refuerzo de las medidas de higiene.
La antibioterapia tópica no está indicada de forma rutinaria.
Conjuntivitis bacteriana
La presencia de secreción mucopurulenta persistente, necesidad frecuente de limpieza ocular y párpados pegados al despertar aumenta la probabilidad de conjuntivitis bacteriana.
Aunque muchos casos son autolimitados, las presentaciones más intensas o persistentes pueden beneficiarse de tratamiento tópico. Entre las opciones disponibles se incluyen antibióticos locales, habitualmente asociados con medidas de higiene ocular y lavado con suero fisiológico.
Debe recordarse que la afectación unilateral inicial no permite diferenciar de forma fiable una etiología bacteriana, ya que algunas conjuntivitis víricas también pueden comenzar en un solo ojo.
Conjuntivitis alérgica
En la conjuntivitis alérgica, el signo clínico más característico es el prurito ocular intenso. Habitualmente es bilateral y puede asociarse con lagrimeo, edema conjuntival y antecedentes personales de atopia, rinitis o alergia estacional.
El tratamiento incluye medidas de evitación de alérgenos, lágrimas artificiales y antihistamínicos tópicos como olopatadina o ketotifeno.
Conjuntivitis neonatal
La conjuntivitis en recién nacidos debe valorarse de forma especial, ya que determinadas etiologías pueden asociarse con complicaciones importantes.
El momento de aparición de los síntomas puede orientar el diagnóstico. La conjuntivitis química puede aparecer durante las primeras 24–48 horas; entre el 2.º y el 5.º día debe considerarse una infección gonocócica; posteriormente aumenta la probabilidad de otras causas bacterianas o de infección por Chlamydia trachomatis.
Estas situaciones requieren una evaluación y un manejo específicos.
Diagnósticos diferenciales
No todo ojo rojo corresponde a una conjuntivitis. Deben considerarse diagnósticos diferenciales potencialmente graves, como cuerpo extraño ocular, queratitis, uveítis, glaucoma o celulitis orbitaria.
Una interpretación integrada de los síntomas, los signos clínicos y el contexto de presentación es esencial para evitar retrasos diagnósticos.
Abordaje práctico
En términos prácticos, la evaluación de la conjuntivitis pediátrica se basa en una secuencia sencilla: descartar signos de gravedad, identificar la etiología más probable y orientar el tratamiento adecuado.
Un abordaje estructurado permite reducir el uso innecesario de antibióticos, mejorar la orientación clínica y reconocer precozmente las situaciones que requieren valoración urgente.